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Dieta de ensaladas

Hacer dieta puede ser duro, pero con estos sencillos consejos te resultará mucho más fácil seguirla sin cansarte.

Nunca desayunes deprisa:
Si normalmente sales corriendo de casa para ir al trabajo y no te da tiempo a sentarte tranquilamente a desayunar, tienes dos opciones: levantarte primero, o preparar la noche antes un tupper con el desayuno para tomarlo más despacio en la oficina.
Cuando comemos muy rápido, suceden dos cosas: ingieres más aire con cada bocado (provocando gases e hinchazón abdominal) y tardas más en llenarte.

Dieta de ensaladas

Pero no solamente hay que desayunar despacio, los alimentos deben ser sanos y completos, es decir, evitar el café (el café en exceso puede ser perjudicial para la salud) y la bollería industrial. Luego están los platos más intensos y pesados que cocinamos en ollas express de buenas marcas o barbacoas de verano.
Elige mejor yogures 0% materia grasa, leche de soja, infusiones, cereales, muesli o tostadas integrales.

Enriquece las ensaladas:
Una buena forma de tomar ciertos nutrientes, como ácidos grasos esenciales, cinc o calcio, es introduciendo en la dieta diferentes semillas (lino, sésamo, pipas de girasol y calabaza...).
En vez de comerlas a cucharadas, ya que son muy pequeñas y se tarda tiempo en pelarlas, la mejor forma es añadirlas a las ensaladas para hacerlas de esta manera, lo más variadas posible.

Se variado:
Aunque un alimento te guste y sea sano, nuestro organismo necesita de una gran variedad de nutrientes, por lo que hay que ingerir ingredientes de todos los tipos: verduras, frutas, pescados, carnes, huevos, lácteos, farináceos, cereales... y alguna que otra grasa buena. Con verduras se pueden elaborar diferentes platos con varias texturas, como purés, ensaladas, guarniciones, crudas...

No cenes muy tarde:
Hay que cenar por lo menos 2 horas antes de acostarse. Sino podemos dormir mal y tener pesadillas, engordar (porqué no quemas las calorías que ingieres) o tener algún problema intestinal. Evita los alimentos que tardan más tiempo en digerirse: las carnes rojas, las salsas muy condimentadas, frituras y postres muy dulces.

Menos productos refinados y más integrales:
Cada vez hay más alimentos integrales en el mercado, cereales, pan , arroz, pasta, bollería, etc.
Escoge primero estos productos integrales antes de sus versiones refinadas, todos son ventajas: se aprovechan mejor sus nutrientes, tienen más fibra, menos azúcar, se mejora el tránsito y la flora intestinal...

3 frutas al día:
Sustituye la bollería, las chiches y los pasteles por una fruta cuando tengamos sindico de algo dulce.
Por lo menos las frutas tienen vitaminas, minerales y fibra.
Lo ideal es comerlas en el desayuno, entre horas, no de postre ni para cenar.

Menos carne y más verduras:
No hay que eliminar la carne de la dieta, sólo reducirla a 2 o 3 veces a la semana 1 sola vez al día.
Para cubrir las necesidades de proteínas, incorpora proteína vegetal, como lentejas, derivados de la soja, quínoa...
Y por supuesto, debes de aumentar la cantidad de verduras.

Elimina los refrescos azucarados:
Otro hábito que tienes que tachar de tu lista (pero no ahora, para siempre) es tomar bebidas con gas y azúcar, ya que, además de engordar, descompongan los niveles de azúcar en el organismo. Lo mejor para beber es el agua, y sino zumos naturales de frutas o infusiones.

Menos postre y más yogur:
Un pecado dietético es tomar postres ricos en grasas saturadas y azucares después de las comidas. Si puedes elimina el postre, y sino, sustitúyelo por yogures, frutos secos, fruta, gelatina, postres de soja, y de vez en cuando, helados caseros.